martes, 5 de febrero de 2019

Refugio bajo las aguas

El agua se precipita sobre la tierra,
la nostalgia crece y la esperanza se seca.

El miedo se hace palpable en mi refugio
el demonio vuelve susurrando palabras de odio.
Demonio vivo, creciente y durmiente,
que en mis adentros despierta arrastrado en la corriente.

Ven y dejate llevar,
me dijo el crustaceo desde el mar.
Pero el mar quedaba demasiado lejos
aunque no más que mi acierto.

Acciones palpables, errores certeros,
se despiertan este día,
bajo el agua del cerezo.

La brisa me anuncia que debo huir,
partir a un lugar más cálido,
donde reflexionar en los astros,
mientras el bucle vuelve a incidir.

¡Ay pobre de mi!

Avanzo bajo el llanto del cielo,
pensando en un futuro inconexo.

Los ríos se desbordan a mi paso,
se bifurcan los caminos
en el fondo de algún vaso.

Mis pies mojados dudan de sí,
se preguntan si este camino con retorno
podrá tener alguna vez fin.

Llego hasta aquí por fin,
un poco empapado,
quizás sea por mi.

Vuelco el cálido contenido en mi boca,
se desliza hacia mi y su calor me destroza.
Más con suave dulzura lo hace,
mientras la niebla destruye este cauce.

Miro hacia fuera, el agua golpea,
el humo ennegrece a las gentes,
que graznan y en cuervos se convierten.

El gris toma el control,
asusta a los cautos,
mientras los valientes caminan sin temor.

Aquí, en mi iluminada prisión,
contemplo meláncolico el horizonte.
Las calles de evaporan de algodón
y las gentes se rompen.

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